Aprender de la experiencia de una madre madura

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Todos tenemos nuestros deseos y obsesiones, sobretodo si hablamos de sexo. Todos somos fetichistas, algunos más raros que otros, pero todos tenemos un deseo que queremos cumplir. Uno de los más comunes es tener sexo con una mujer madura, aprender de su basta experiencia.

 

Os contaré mi historia. Una vez, hace ya unos años tuve sexo con una madura, la mujer y el sexo más impresionante que he tenido nunca. De hecho, desde entonces tengo una obsesión con las maduras y muchas veces acudo a La Suite Barcelona, de la ciudad donde vivo, para intentar simular el placer que sentí entonces.

La historia comienza 6 años atrás, yo tenía 19 años, nochevieja, una noche de estas en las que no deseas dormir. Omar y yo íbamos a ir de fiesta toda la noche. Tras la cena con mis padres y unas copas de más, pasé a buscarle por su casa.

 

Al picar a su puerta me abrió su madre y me invitó a entrar y ponerme cómodo. La madre estaba que quitaba el hipo, llevaba un vestido impresionante, seguro que también tenía planes para esa noche especial. Nada más verla noté como mi pene quería salirse del pantalón y tuve que hacer un gran esfuerzo para disimular mi excitación.

 

Omar no estaba, había salido a tomar unas copas y no tardaría en regresar. O eso pensaba ya que a los 10 minutos me llegó un whatsapp de él diciéndome que había “pillado” y que no volvería. Menudo cabrón, me había dejado plantado.

 

Su madre puso cara de asombro cuando le informé sobre la situación, yo pensaba irme pero me dijo que a ella también la habían dejado plantada y si me apetecía tomar una copa con ella.

 

Me parecía buena idea, iba a charlar un rato y ya está, esa mujer era inalcanzable para mí. Me puso una copa de cava y estuvimos hablando sobre su hijo, los estudios, amores de la vida, etc. La conversación y las copas fluían y la confianza iba en aumento. Quizá tirármela no era tan descabellado, se me estaba yendo la olla realmente.

 

Me contó que la dejaron plantada por otra. Me dió pena y sin pensarlo dos veces la consolé diciéndole que se tiene que ser muy imbécil para no salir con una mujer tan preciosa como ella y que cualquier otro hombre soñaría estar con ella. Ella se abalanzó sobre mí y me abrazó. Por instinto la besé.

 

Pensando que me iba a echar de su casa, ella respondió con otro beso más intenso y sin darnos cuenta nuestras lenguas se buscaban desesperadamente. Yo estaba totalmente empalmado y no podía creer que me invitara a entrar a su habitación. ¿Se iba a cumplir u sueño?

 

Se desnudó de tal forma que pude admirar la obra de arte que llevaba en forma de lencería fina. Dios, nunca había visto un cuerpo así, era la lujuria personificada.

 

Me dejé llevar, era lo mejor que podía hacer. Ella me enseñaría todo. Se puso encima de mi y empezó con una suave cabalgadura. Yo sólo pensaba en apretar con más fuerza sus nalgas con mis manos. Sus movimientos cada vez eran más violentos, los gritos más fuertes, y yo me aguantaba como podía para no correrme.

 

Le tuve que confesar que estaba a punto de terminar y, por sorpresa mía, ella decidió parar de cabalgar para cogerme el pene y metérselo entero en su boca, practicando el mejor sexo oral de mi vida. Cuando estaba ya casi de correrme hice un esfuerzo para sacar mi pene de su boca a lo que ella respondió cogiéndomelo con las manos y volviéndolo a meter en su boca, eso me puso aún más cachondo y me corrí dentro. Me miró con sus ojitos de niña buena y se comió el semen mientras yo me quedaba allí parado aún más excitado que antes.

 

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