Descubriendo un mundo nuevo (Parte 1)

bdsm

Nunca pude imaginar que acabaría participando en una revolución sexual como la que he vivido recientemente.

Este fin de semana pasado me ha cambiado la vida, y la verdad que me encanta ser una libertina descarada, abriéndome de piernas y disfrutando del mejor sexo que jamás he podido llegar a descubrir.

El sábado, salí con mis amigas a pasármelo bien. Una buena cena en el restaurante de moda de la ciudad y después unas copas en la disco más guay de la ciudad. Con un poco de suerte tendría un polvo más bien mediocre, pero satisfactorio para un par de semanas.

Bien, Elena no paraba de decirme que esa noche iba a ser diferente, que tenía un presentimiento. No le quise dar mucha importancia, puesto que lo único que quería era follar a toda cosa, mi vagina me lo pedía.

Cenamos lubina con unas cosas muy excéntricas y fuera de lo normal, pero estaba bien rico. Después de tomarnos un gin y un par de chupitos de tequila en el restaurante, nos fuimos a un local muy chic dónde la alta sociedad se reúne para pegarse unos bailoteos, o eso pensaba yo.

Entramos, y nada más llegar, el típico chico elegante (hijo de papi) no paraba de mirarme, hasta os puedo decir que me desnudaba con la mirada cada vez que pestañeaba, pero tampoco quise darle demasiada importancia. Acababa de llegar y lo que quería era fumarme un pitillo y tomarme una copa en el reservado del local.

Pasaron 45 minutos cuando semejante varón se aproximó, y me rozó con sus elegantes manos mi cintura para poder presentarse y darme un par de seductores besos.  Ahí ya caí rendida, y no pude pasar de ello.

Estuvimos toda la noche bebiendo y hablando. Yo llevaba una tasa de alcohol considerable y una excitación en mi órgano reproductor importante, hasta que Roberto (es como se llamaba este macho alfa) me propuso que fuéramos a una de las salas del local que es muy exclusiva. NO me negué y me dejé llevar.

Cuando llegamos, entré en otro mundo. Uno en el que el fornicio era lo normal. Mujeres dejándose sodomizar con las corridas de 5 hombres, otros dejándose dar por culo y gemir a más no poder y un largo etc que tan solo hacía que ponerme más cachonda de lo que estaba. Si Roberto no me tocaba y me masturbaba pronto me iba a morir.

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