Una historia con final feliz

masaje erotico 2

Siempre me han gustado los masajes, me encanta estar tumbada sobre la camilla y no hacer nada, dejar que mis pensamientos fluyan, con mi cuerpo totalmente laxo mientras me libero con los sensuales placeres de tener unas fuertes manos recorriendo mi cuerpo, relajándose completamente.

Cada quince voy a hacerme un masaje, normalmente los lunes para empezar de buena manera la semana. Era otro lunes, llamé al lugar de siempre pero me dijeron que estaban cerrados por vacaciones.No sabía dónde ir… Contacté con una amiga y me dejó totalmente sorprendida con su pregunta: “¿Has probado ya un masaje erótico con escort en Barcelona? No te vas a arrepentir” dijo con extrema seguridad.

Decidí acudir al lugar y probarlo, al menos a preguntar y a chafardear. Al entrar me encontré con una monada de recepcionista que muy amable me explicó todo sobre los masajes eróticos. Mientras me contaba los distintos tipos de masajes, podía observar las lujosas instalaciones. El lugar me gustaba, así como la oferta. No nos engañemos, empezaba a ponerme a todo.

Le dije que sí, que quería un masaje que despertara todos mis sentidos, sensaciones y placeres más intensos, quería disfrutar de un placer tanto físico como mental de una forma sensual y erótica. Ya estaba lista, era momento de escoger masajista. Me encantó ver a todos esos hombres guapos y musculosos esperando a que me tocasen.

Me enamoré a primera vista de Felipe, un masajista de origen brasileño que irradiaba masculinidad. Con su cuerpo perfecto, anchas espaldas, abdominales marcadas y su carácter tímido y sensual, estaba segura que era el hombre ideal para que me diera placer. Además, en la entrepierna se apreciaba un bulto, algo nada despreciable

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En seguida sentí atracción por él. Me preguntó si quería un masaje corporal completo a lo que respondí con un sí seco, cuando por mi cabeza sonaba “sí por favor hazme tuya”.

Él se ausentó para que me desnudara y me tapara con una toalla. Una vez tumbada en la camilla, se acercó y me quitó dicho toalla, sintiendo un escalofrío recorriendo por mi cuerpo. La humedad aumentaba entre mis piernas.

Me masajeó toda la espalda y el cuello con sus manos firmes y fuertes, por donde pasaban sus manos, mis músculos se relajaban, era increíble. Sus manos empezaron a acercarse en mi entrepierna, no podía reprimir un pequeño jadeo de placer. Mi vagina seguía desprendiendo jugos, llegando a mojar ligeramente la sábana. Me dijo que me diese la vuelta.

No quería, qué vergüenza. Al hacerlo vi como él observaba mi cuerpo, mis pechos y me pubis húmedo. Los dos sentimos el deseo sexual. Vi perfectamente como el bulto de sus finos pantalones creció notablemente, algo que aún me puso más cachonda.

Siguió con el masaje en la zona de mis muslos, acercándose ligeramente otra vez a mi entrepierna. Noté como le resbalaban las manos y como su paquete aún crecía más. Yo me abrí de piernas para que se enterase de mi excitación y deseo, aunque creo que ya lo sabía pero se reprimía.

Deseaba otro tipo de masaje erótico. Ninguno de los dos pudimos reprimirnos, se lanzó encima de mí y me penetró de golpe. Fue el placer más intenso que había sentido nunca. Seguía disfrutando de su pene al mismo tiempo que sentía su cuerpo fuerte y musculoso sobre el mío. Levanté las piernas y le empujaba para que me la metiera más adentro de mi vagina, más fuerte y que no se escapara nunca.

Estaba a punto, él lo noto y aceleró hasta terminar los dos con un fuerte orgasmo, lo más agradable y excitante de mi vida. Cuando se incorporó, me dirigí a un pequeño cuarto de baño para ducharme. Al volver Felipe ya no estaba. Decidí vestirme rápido e irme. Sin duda fue el mejor masaje de mi vida, el más relajante y satisfactorio que he tenido nunca.

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